El cliente
Reserva desde la web eligiendo servicio, barbero y hora, recibe la confirmación por correo y entra a su área para ver sus próximas citas y su membresía.
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Web de reservas, agenda por barbero, club de socios cobrado con Stripe, verificación de que cada cobro existe antes de dar cortes, panel de incidencias con impagos y reclamaciones, área de cliente y modo kiosko para la propia barbería.

Una barbería con membresías tiene dos negocios a la vez. Uno son las citas: quién viene, con qué barbero y a qué hora. El otro son los socios: quién paga una cuota mensual y cuántos cortes le quedan este mes.
El segundo es el que se rompe sin que nadie lo note. Una suscripción figura como activa en el sistema, el socio se sienta en la silla, le hacen el corte y nadie cobra nada: el recibo de ese mes se había quedado por el camino en la pasarela de pago. No hay error visible, no salta ninguna alarma. Simplemente el dinero no entra.
Por eso el encargo no fue una web de reservas. Fue un sistema donde el corte de un socio solo sale gratis si el cobro de ese mes existe de verdad.
Reservas, cobro y agenda son el mismo circuito. Cada paso deja la información donde la necesita el siguiente, sin que nadie la copie a mano.
Cada socio tiene un plan con un número de cortes al mes. El sistema lleva ese saldo solo: descuenta cuando el socio viene y lo repone cuando la cuota se renueva.
Lo que hace que funcione en el día a día no es el cálculo, sino que se vea. La agenda distingue tres situaciones con el color de la cita, y el barbero no tiene que preguntar nada ni abrir otra pantalla.
Cambiar de plan tampoco obliga a rehacer cuentas: al subir o bajar de nivel, los cortes disponibles se recalculan con el plan nuevo.
Este es el hallazgo que cambió el proyecto. Al revisar la conciliación aparecieron renovaciones marcadas como cobradas sin un cobro correspondiente en la pasarela. La suscripción seguía activa, el socio seguía cortándose, y ese dinero no había entrado nunca. Sumadas, esas renovaciones fantasma rondaban los mil seiscientos euros al mes.
La corrección no fue un parche: se invirtió el criterio. El sistema dejó de creerse su propio registro y pasó a exigir la evidencia del cobro antes de reponer los cortes de un socio.
Como el cobro y su registro viajan por caminos distintos, se añadieron dos defensas más. Un panel que compara mes a mes lo que el sistema da por cobrado contra lo que la pasarela dice que cobró, para que una diferencia se vea sola. Y un bloqueo que impide procesar dos veces el mismo aviso de pago cuando llega repetido.
El saldo del socio se repone después de comprobar el cobro, no antes. Todo lo demás cuelga de ese orden.
Un impago no es un error del sistema: es una conversación pendiente con un cliente. Por eso las suscripciones con problema no se esconden en un registro técnico, sino que tienen su propia pantalla, con el motivo y con el botón para llamar o escribir por WhatsApp al socio.
Junto a ellas está el caso más incómodo de todos: el cliente que pagó de verdad pero con un correo distinto al que usó para registrarse. Antes eso era un problema del cliente. Ahora deja su reclamación, el sistema busca su pago aunque el correo no coincida y admite una diferencia razonable de importe, y la barbería la aprueba o la rechaza con un clic.
Cada aviso recibido de la pasarela queda además guardado en un histórico consultable. Cuando algo no cuadra, se puede reconstruir qué pasó y cuándo, en vez de deducirlo.
El sistema lo usan tres perfiles distintos, y cada uno entra a lo suyo sin estorbar a los demás.
Reserva desde la web eligiendo servicio, barbero y hora, recibe la confirmación por correo y entra a su área para ver sus próximas citas y su membresía.
Tiene su agenda del día con el estado de cada cita, mueve o alarga citas arrastrando y bloquea los huecos que no quiere abrir al público.
Gestiona servicios, precios, planes y equipo, y revisa socios, impagos y reclamaciones desde el mismo panel.





Esto es lo que se puede afirmar mirando la arquitectura y la conciliación. Las cifras de negocio se publican solo cuando están medidas.
Resultados cualitativos, verificables mirando el sistema. Las cifras se publican solo cuando están medidas.
Lo de The King's Barber es un proyecto Enterprise: se parte de cómo funciona la empresa y se diseña la infraestructura entera a su alrededor, no una herramienta suelta detrás de otra.